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Pensamientos Angelicales

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* Todos somos ángeles con una sola ala, debemos abrazarnos si queremos volar.
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* No vemos a los ángeles; pero en las avenidas oscuras de la angustia, se acercan y nos llaman, ¡Se parecen a ellos las personas queridas y no son sino ángeles los seres que nos aman!
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* Donde hay paz en el mundo, hay ángeles en los cielos.
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* Sé siempre un ángel disponible para un amigo.
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* El hombre no es ni ángel ni bestia; y lo infortunado es que cuando debería actuar el ángel, actúa la bestia.
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* No podemos separarnos de nuestros amigos; no podemos permitir que nuestros ángeles se vayan.
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* La comunicación con los ángeles empieza si reconoces que ahí están. * Porque Él te encomendara a los ángeles para protegerte en todos tus caminos.
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* Soñar es ver: un ángel, que llega calladito, deshace nuestras vendas con dedos marfilíneos...
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* Los ángeles, satisfechos con su fama en el cielo no buscan el elogio humano.
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* Ángel de mi guarda, dulce compañía, no me desampares ni de noche ni de día.
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* Todas las cosas visibles de este mundo han sido puestas al cuidado de un ángel
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* Familiarízate con los ángeles, y obsérvalos con frecuencia con tu espíritu pues, aun sin que los veas, ellos están siempre junto a ti.
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* No se debe estar a los pies de la cama de un enfermo, ya que ese lugar esta reservado para el ángel guardián.
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* Cuanto más avancemos en los caminos de Dios, más serán los ángeles con que nos encontremos.
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* Si luchan los ángeles, los hombres débiles deben caer, ya que el cielo aún guarda a los justos.
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* Oh, ángel de la guarda, cúbreme con tus alas; oh, amigo mío, ilumina mi camino. Dirige mis pasos y sé mi protección, para hoy.
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* ¿Qué es mejor, dime: hablar del vecino y sus asuntos, husmearlo todo, o conversar sobre los ángeles y cosas que pueden enriquecernos?
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* Hazte cargo Tú, de aquellos que están despiertos, alertas o lloran de noche, y envía a tus ángeles para que se hagan cargo de los que duermen.
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* Si tuvieras presente a tu ángel y los custodios de tus prójimos evitarías muchas tonterías que se deslizan en la conversación.

Corey Wolfe

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Corey Wolfe, un álbum en Flickr.

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Cuando lo Único que Queda es Dios

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Llega un momento en el que lo único que queda es Dios... Sucede más de una vez en la vida de la mayoría de las personas. Es ese momento cuando te sientes total y completamente aislado. Es ese momento cuando sientes  que nadie te está oyendo, sino que no hay nadie que te oiga. Realmente estás solo. No hay nadie más, incluso cuando hay alguien más en la habitación. No hay nada más, incluso cuando hay mucho más a tu alrededor. Sólo estás tú, aun cuando el mundo te rodea. Tal vez especialmente cuando el mundo te rodea, sólo estás tú.

Sí, llega un momento en que lo único que queda es Dios. Nada más importa. Nada más tiene ningún sentido. Nada más te llama, te magnetiza, exige tu atención – o ni siquiera es digno de ella.

Este momento llega, me parece a mí, ya sea cuando no tienes nada, o cuando lo tienes todo. Este momento llega cuando todo lo demás te ha sido arrebatado y no te queda nada, o cuando se te ha dado todo y no hay nada más que puedas desear.

Cuando llega este momento, es un gran alivio. Es una liberación, un dejar ir. Y sin embargo, para muchos de nosotros, todavía hay una pequeña parte de nuestro ser que anhela esa cosa que muchos de nosotros nunca hemos tenido: completa aceptación y amor incondicional.

Alguien que me ame tal como soy.

No hemos podido encontrar eso en otro. Pensábamos que podríamos encontrarlo en otro, esperábamos que pudiéramos encontrarlo en otro, pero no podemos. Ni siquiera podemos encontrarlo en nosotros mismos. Y porque no podemos encontrarlo en nosotros mismos, no podemos dárselo a otro y es por eso que no podemos encontrarlo allí. Porque no podemos encontrar en ninguna parte lo que no hemos puesto en ninguna parte, y nosotros no hemos puesto completa aceptación ni amor incondicional en ninguna parte. Ni siquiera podemos estar conformes con el clima, por el amor de Dios. Podemos encontrar algo de qué quejarnos acerca de todo.

Y así, buscamos lo que no está ahí, porque todo lo que tratamos de encontrar en la vida debe haber sido puesto allí por nosotros. Si no lo hemos puesto, no podemos encontrarlo. Lo que no ponemos en la vida, no encontramos, porque nosotros somos la Única Fuente Que Hay.

Si no podemos encontrar perdón en nuestras vidas, es porque no lo hemos puesto allí. Si no podemos encontrar compasión en nuestras vidas, es porque no la hemos puesto allí.Si no podemos encontrar tolerancia en nuestras vidas, es porque no la hemos puesto allí.Si no podemos encontrar misericordia en nuestras vidas, es porque no la hemos puesto allí. Si no podemos encontrar paz en nuestras vidas, es porque no la hemos puesto allí. Si no podemos encontrar aceptación en nuestras vidas, es porque no la hemos puesto allí. Y si no podemos encontrar amor en nuestras vidas, es porque no lo hemos puesto allí.

Todas estas cosas tenemos que poner en la Vida. Primero, en nuestra propia vida, luego uno en la vida del otro. O, para algunos, es al revés. Quiero decir que para la mayoría de nosotros es al revés. Para la mayoría de nosotros, es casi imposible darnos a nosotros mismos lo que más deseamos recibir: perdón, compasión, tolerancia, misericordia, paz, aceptación y amor.

La mayoría de nosotros no podemos darnos estas cosas a nosotros mismos porque sabemos demasiado acerca de nosotros mismos. Creemos que no somos dignos de estas cosas. Imaginamos que somos algo distinto de lo que realmente somos. No podemos ver la Divinidad que la Divinidad Misma ha puesto en nosotros. No podemos ver la Inocencia. No podemos ver la Perfección en nuestra imperfección.

Como no podemos ver estas cosas en nosotros mismos, no podemos darnos a nosotros mismos lo que más deseamos recibir. Sin embargo, ya que no somos totalmente ciegos a lo que es bueno y vale la pena en el mundo, a menudo podemos ver estas cosas en los demás. A menudo podemos ver Divinidad en los demás. A menudo podemos ver Inocencia en los demás. A menudo incluso podemos ver Perfección en la imperfección de los demás. Y por eso podemos dar a los demás perdón, compasión, tolerancia, misericordia, paz, aceptación y amor.

Podemos, pero la pregunta es, ¿lo haremos? 
 
Con demasiada frecuencia, no lo hacemos. A causa de nuestras propias heridas, no podemos sanar las heridas de los demás. Y entonces le negamos a nuestro mundo las cosas que nuestro mundo más necesita. Le negamos a nuestro mundo perdón, compasión, tolerancia, misericordia, paz, aceptación y amor. Y cuando le negamos esto a nuestro mundo, nos lo negamos a nosotros mismos – porque lo que no hemos puesto en el mundo, no podemos recibir del mundo.

Una vez más, dejen que repita la Nueva Regla de Oro:
Lo que no hemos puesto en el mundo, no podemos recibir del mundo. 
 
Llega un momento en que nos damos cuenta de que nosotros somos la Única Fuente Que Hay. Nadie nos va a dar a nosotros o al mundo lo que nosotros somos incapaces de darle al mundo, y por lo tanto a nosotros mismos. No por mucho tiempo.

El primer lugar donde descubrimos esto es en relación con otro. Lo que no podemos o no estamos dispuestos a dar al otro, no vamos a recibir del otro. No por mucho tiempo. Si no podemos dar a la persona que está al otro lado de la habitación perdón, compasión, tolerancia, misericordia, paz, aceptación y amor... no podemos esperar que la persona al otro lado de la habitación nos dé estas cosas a nosotros. Pues ellos sólo tienen para dar lo que nosotros les hemos dado.

Nos imaginamos en la relación que la otra persona tiene lo que nosotros no tenemos, y por lo tanto, que ellos pueden proporcionárnoslo. Ésta es la gran ilusión. Éste es un gran error. Éste es el gran malentendido. Y ésta es la razón por la cual fracasan tantas relaciones. Nos imaginamos que el otro nos va a proporcionar perdón, compasión, tolerancia, misericordia, paz, aceptación y amor. Imaginamos que el otro nos va a proporcionar lo que nosotros no podemos proporcionarles a ellos, y lo que ni siquiera podemos darnos a nosotros mismos. Y luego nos enojamos con el otro. Y luego nos enojamos con nosotros mismos.

Y entonces...

... nos damos cuenta de que no queda nada más que Dios. Nos volvemos, entonces, hacia Dios. Por favor, Dios, dame perdón, compasión, tolerancia, misericordia, paz, aceptación y amor. Por favor, dámelo, para que yo pueda darlo a los demás.

El mundo se está acercando rápidamente a este punto de inflexión. Estamos empezando a comprender que Dios es la Fuente Única y Original. Ahora lo único que tenemos que hacer es comprender, también, que no existe separación entre Dios y nosotros. Cuando por fin captemos esta comprensión fundamental, cuando aceptemos, finalmente, esta verdad básica, nos vamos a cambiar a nosotros mismos, a cambiar nuestras relaciones, y a cambiar el mundo.

Hasta entonces, no lo haremos. Y vamos a esperar por ese momento cuando nos demos cuenta.... de que no queda nada sino Dios. Con suerte, llegaremos a ese momento antes de que lo creemos... en la manera más cruda posible: destruyendo todo lo demás hasta que no quede nada. Destruyendo nuestra relación hasta que no quede nada. Destruyendo nuestro mundo hasta que no quede nada. Destruyéndonos a nosotros mismos hasta que no quede nada.

Conversaciones con Dios contiene una afirmación sorprendente. Es algo que nunca he olvidado. Dios dijo: "No es necesario pasar por el infierno para llegar al cielo." Yo  invito a todos nosotros a recordar eso en este día. Los invito a todos a adoptar una nueva noción acerca de nosotros mismos y la vida: no queda nada sino Dios, sino que no existe nada sino sólo Dios.

Cuando veamos a Dios en cada persona y en cada cosa, entonces nos habremos despojado de nuestras ilusiones, habremos hecho a un lado nuestras imaginaciones infantiles, y vamos a tratar a todo y a todos, como que eso, ella o él, son Divinos. Y si no crees que eso cambiará tu vida y tu mundo, piénsalo de nuevo.


Desconozco su autor
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La Historia del Arcángel Uriel

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El Arcángel Uriel
En el momento mismo en que la Gran Explosión abrió los abismos, nacía el tiempo, fue en ese instante en que se desplegó el poder de Dios saliendo de su letargo, su conciencia despierta fue el inicio de la rueda del devenir y la vida nueva.

Los ángeles tenían ya asignadas las misiones desde la mente de Dios aún cuando todo estaba naciendo en infinitas formas de luz. La luz desgarraba las tinieblas y la resistencia continuaba en muchos rincones del universo, pero nada de ello podía imponerse ya al grito del despertar divino.

Así fue como de a poco fueron naciendo los mundos y las estrellas que los alimentarían. Cuando una estrella nacía se le asignaba a un ángel para que cuidara de ellos. En el principio Dios creó los cielos, el cielo que vemos y el que no se ve con los ojos físicos, sino con los ojos del alma, separó la luz de las tinieblas y luego infundió el aliento expandiéndose genuino para crear el firmamento. Allí nacieron los astros y la tierra también tuvo su lugar.

Después que el Arcángel Miguel ganara la batalla que libró en los cielos, sobrevino una época de paz y trabajo, la tierra aún giraba sin contener la vida mas que en manifestaciones de luz y oscuridad, fue entonces que la voz de Dios recorrió todos los rincones de la masa universal y consideró que ya era el momento de preparar el camino para la llegada del ser humano que caminara sobre su faz y engrandeciera la Obra. Llamó a todos los ángeles y les prometió que aquel que lograra sostener una cadena de planetas que estando ligados entre sí por una relación de contenido y que no pudiesen verse sino en millones de años hasta haber logrado la verdadera evolución espiritual, hasta haber logrado tocarse sin estallar y poder compartir la Gloria de la Creación sin caer en la envidia y el egoísmo, ése sería el regente.

Había un ángel muy pequeño que no descansaba nunca, de nombre Uriel, estaba lejos de todas las miríadas de ángeles que escuchaban atentamente al Señor, pero decidió cumplir el pedido, no con el ánimo de convertirse en regente sino movido por su gran amor y entrega a la voluntad divina. Fueron muchos los ángeles que infructuosamente intentaron lograr que hubieran mundos cercanos con estrellas similares y vidas similares, pero su falla consistía en que los celos invadían pronto a las almas que querían habitarlas y discutían entre sí para tener sus territorios y cerrarse a posibles ataques.

El pequeño Uriel decidió vivir en aquellas tierras nuevas poniendo todas sus energías en el balance y equilibrio de sus órbitas, regando parcelas con lluvias y cuidando la vegetación que de a poco iba creciendo. Una vez que lograba hacer un jardín se iba muy lejos, tan lejos que se olvidaba cuál había sido el anterior, así descubrió que si mantenía memoria de sus obras tenía también memoria de si mismo y por ende su ego crecería tanto que podría opacar su entrega a Dios, por lo que decidía cada vez irse más lejos y cuidar de los lugares más olvidados en la esfera celestial.

Un día, el Señor volvió a llamar a los ángeles para que presentaran sus obras. Ellos habían creado cadenas hermosas de planetas con seres de diversas formas y aptitudes increíbles, pero Dios notó que muchos de ellos ya se conocían y podía desatarse nuevamente una guerra en el universo debido al sentido de posesión que los animaba, pues el contacto con la materia había debilitado su noción de pertenencia divina.

El Gran Hacedor no estaba conforme con lo que sus queridos ángeles habían hecho y decidió soplar fuerte para separar aún más a los mundos creados y así poner mayor distancia entre ellos. Les preguntó a sus ángeles si todos habían presentado sus obras. Dijeron que solo faltaba Uriel. ¿Donde está? -preguntó- ¡Vayan a buscarlo!

Una hueste de ángeles azules salieron a su búsqueda, lo encontraron sentado en un monte muy alto en un planeta pequeñito que giraba alrededor de una estrella no muy grande tampoco.
Lo llamaron y le dijeron que el Señor quería verlo, entonces recordó que ya era hora de presentarse. Cuando llegó a la presencia de Dios le pidió perdón por su olvido y le habló de todos los lugares en los que había trabajado y sostenido, pero con mucha pena le dijo que no recordaba cómo llegar a ellos pues olvidaba siempre el camino. El Señor sintió entonces que aquel pequeño ángel había logrado lo que ninguno de los otros había podido, pues si no recordaba dónde estaban los mundos que serían el hogar de seres humanos, éstos no podrían estar tan cerca como para dominarse los unos a los otros y que cuando se conociesen ya no habría egoísmo sino comprensión y solidaridad.

Fue así como Dios elevó el rango de aquel pequeño ángel convirtiéndolo en un Arcángel y colocó sobre su cabeza un sol que bajando luego a su pecho fue señal de su jerarquía, le otorgó el don de la divina inteligencia y la eterna memoria, puso a la tierra bajo su cuidado y lo designó regente. Aquel ángel tan pequeño se había convertido en un enorme arcángel que brillaba con luz propia sobre las estrellas y los astros mientras el resto de ángeles cantaban a la Gloria de Dios y del nuevo Arcángel que era ya el benefactor e intermediario entre Dios y los hombres, por eso Uriel es el arcángel del trabajo, de la solidaridad, de la memoria y la ecología. ...
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